De las tabernas caVernas

Solícito auillido grave
de dentro del pecho mío
si arrancarlo yo pudiera,
te lo juro,
de un solo tiro,
por aquí no volvería.
Pero es mío el juego sucio
y así también lo uso a veces.
Moneda de cambio injusta,
de vez en cuando revierte.
Cuando he de confrontarla
yo suelo pecar de débil
y me sumo en su truquillo
y le dejo que me lleve.
Son entonces las culebras
las que de mi se apoderan
y ya puedo echar la culpa
a todos menos a mí.
Pero ¡ai triste condena!
que nadie ha de venir
a compadecer mi pena
¿solo yo la he de asumir?