Él, triunfador

Aliada destructora de oscuros caminos inhóspitos. Hace que hierba en silencio caldo sin remordimientos. Viajas con mochila llena de tus deshonestos aciertos, de tus besos mal robados y de unos triunfos de orador. Miras como desde arriba al más común de los mortales, luego ya te santificas, por si eso ahuyenta males. Porque es grande tu osadía, te llevó por hondos mares, por ciudades y por valles, que convertiste en colinas. Enseñas que tu palabra vale más que muchas otras, al menos que todas esas que compiten por alzarse. Pero con galantería asombras a los ojos de tu madre, de mi tía y del alcalde. Mientras sigue ahí bullendo en mi el líquido inflamable.